13 marzo, 2016

Amanece en la ruta

Es un poco extraño ese sentimiento que fluye cuando miro por la ventanilla y el avión esta a punto de despegar, esa mezcla de alegría y tristeza, de ansiedad y nostalgia. No sé.

Es como que me alegro porque ya quiero llegar al lugar del destino, y pena porque ya me tengo que ir del lugar donde he pasado cosas chéveres.

Regresé a Cusco, Juliaca y Arequipa.
Anoche llegué Lima, y en todo el viaje he querido enseñarle a Kiara a disfrutar de la vida, del aquí, ahora!
Mira lo bonito que es Cusco, el cielo, la comida. Lo horrible que es Juliaca, el clima, sus calles. Despierta! Estás en Arequipa, mira esa plaza, que tales casonas, qué rico el clima! Mira el cielo despejado, qué bello.
Pero ella todo el rato no veía la hora de regresar a Lima, hablando por teléfono cada hora con su novio.

Y justo por eso me dije a mi misma: Lola, nunca tengas novio si te vas de viaje. Es más, nunca te enamores, quedate así, sola.
En serio, me dio cólera, porque eso de estar hablando a cada hora (y no exagero) me desespera!
Osea, siempre son las mismas preguntas: Y qué haces? Dónde estás? Y qué haces? Dónde estás? Porqué no me contestas? Y porqué te demoras en contestar? Qué haces? Dónde estás?

Carajooooo!!!!


Que estresante, fue demasiado, en verdad.
Hasta que ya no aguante y le dije: Kiara, en todo el viaje te la haz pasado hablando con Anthony preguntando y que haces? Y donde estas? Solo falta que te responda aquí cagando. Y que tu le preguntes: y de que color salió? Aguada o dura? Salió con forma o en bolitas?
Brother es too much!!!
Pero ella solo se cago de risa diciéndome asquerosa y dándose cuenta de lo ridículo que es preguntar lo mismo a cada rato.

Yo salía por las noches, salia a conocer, a caminar, de día a tomar fotos, a respirar a sentir frío, calor, a juerguear, a tomarme un trago, a conversar con amigos a los que no veía tiempo, no sé.

Mientras ella pedía delivery o se quedaba viendo novelas en el hotel.
Le decía: pareces mujer deprimida con una montaña de papel higiénico al costado y comiendo un kg de helado de chocolate.

La verdad es que pensé que ella seria mejor compañera de viaje que su tía (mi jefa) pero creo que viene de familia eso de querer regresar a la casa ni bien están afuera.
No es que yo no quiera regresar, pero a mi me impulsa la vida a estar presente ahí por la putamadre!

Menos mal, el viernes me voy a Santiago y gracias al universo, viajo sola. Aunque allá me encuentre con un montón de amigos y ya estén contando con mi presencia en sus agendas.
De hecho, los veré y andaré con ellos, porque sé que ellos no se mueren por volver y ni que decir de los chilensis que ya me están mandando mensajitos de amor y emoción por que ya falta poco para volver a mi segunda casa, po'.

De todas maneras, viajar con alguien es difícil, ojalá no me pase lo mismo con Karen.