27 septiembre, 2015

La muerte cuando llega, te lleva.

La muerte no distingue raza, edad, sexo, condición social, política o religiosa. Cuando es tu hora, es tu hora.
Cuando te toca, te toca.

El martes falleció el compadre de mi madre, el hermano de mi tío, el cuñado de mi tía, el padrino de mi prima, el papá de Luchito, Toño y Daniel, el esposo de Ana Maria, el tío Lucho.
No, no era mi tío de sangre, era más bien como familia política.

Era una buena persona, un gordo bonachón, alto, alegre, lisuriento, jodidaso, amable y cariñoso. Lo recordaré con cariño, de la misma forma en que él recordaba con cariño a mi papá.

Hoy por fin, después de 4 días pudo ser el velorio/entierro.

Resulta que Lucho estaba en Cusco y su hermano mayor, mi tío Koki (que es como mi papá) también estaba allá, los dos por chamba, pero Koki se regresaba a Lima el miércoles así que el martes Lucho se iba a Quillabamba y pensaba darle una sorpresa a su hermano llevándolo en el helicóptero para que vea Machu Picchu desde el cielo, mi tío llegó tarde y por eso no pudo ir.
El helicóptero se fue pero nunca regresó, hubo mal tiempo y se estrelló. El miércoles nos dieron la noticia y por la noche salió en el noticiero, vi como quedó el helicóptero y la piel se me escarapeló y me cogí el pecho.

El miércoles en la mañana me llamó mi mamá llorando pensé cualquier cosa, traté de calmarla y después de colgar el teléfono se me cayeron las lágrimas.
Lo primero en que pensé fue en mi tío, que hace unos meses había perdido a su papá y ahora perdía a su hermano y que se salvó por un pelo de ir en el vuelo, después pensé en Lizette y mi tía, sabía que debían estar llorando como magdalenas y luego pensé en Daniel, pucha... Pobre Daniel!
Ni que decir de su mamá, que el año pasado perdió a su hermana también en un accidente, que horrible.

Cuando era niña, tendría 7 u 8 más o menos, estábamos jugando todos los primos a las chapadas o escondidas, no recuerdo exactamente a qué jugábamos, sólo recuerdo el acto de correr, tropezar, caer y rasparme las manos y rodillas y estar dentro de un jardín.
Todos siguieron corriendo y veo una mano extendida que me ayuda a pararme, era Daniel, fue el único que regresó hasta el jardin donde me había sacado la mierda. Me levantó, me limpió las manos y me jaló corriendo, me dijo: apurate o nos van a atrapar.

Los años fueron pasando y con el paso del tiempo Daniel y yo nos fuimos acercando, cuando iba a casa de mis tíos, siempre me cogía la mano tímidamente cuando nadie nos veía y la soltaba inmediatamente cuando sentía los pasos de alguien acercándose.

Hasta que una tarde de verano, no recuerdo de qué año, creo que fue 2003 o antes (tendría que revisar mis diarios) en un descuido me besó.
Fue algo rápido, tierno y tímido.
Daniel siempre se me pegaba, veíamos tele en las tardes y cuando nos dejaban solos, chapabamos.
Recuerdo claramente una vez, tendríamos 15 años, mi tía había ido a comprar pan y los dos estábamos en el cuarto viendo tele cuando me sube encima de el, agarramos y me manoseó.
Luego me echó en su pecho, mientras me acariciaba. Era bien tierno la verdad.
Podría decir que Dani fue mi primer yolo, claro que nunca tiramos, todo era inocente.
Luego nos separamos, cada quien por su lado.
No más tardes en casa de mis tíos, no más tardes yendo al cine, comiendo chucherías, no más veranos yendo a santa maria, no más cenas en su casa, no más juegos, no más miradas de complicidad.

Crecimos.

Aunque en cada reunión familiar, de lejos nos veíamos y por ahí que habían intercambios de palabra. Este año hemos hablado bastante, justo el domingo pasado me dijo que porqué no lo llevaba a mis reus y que tal iba mi resaca, pero como me llegaba un poco que siempre me pregunte lo mismo no le contesté, porque siempre me habla para preguntarme donde me la pegué y cuando voy a salir con él.

Hoy lo vi y en realidad todos los hijos estaban bien, claro, Luchito ha tenido la parte más difícil, que es ir a Cusco y reconocer el cadáver. Dani también fue pero sólo una persona podía hacer el reconocimiento, en este caso fue Luis por ser el mayor (31).
Los veía riendo, sonriendo, jodiendo, como que ya habían asimilado un poco, de hecho ya cuando llegue la noche o cuando vayan a casa y se sienta la ausencia que sólo un hijo puede sentir cuando se pierde a un padre, bueno supongo que les chocará, o tal vez no, al final cada uno procesa el dolor a su manera.

En el entierro lloré un poquito, por las cosas que decía Luchito mientras se le quebraba la voz y hacía lo posible por no llorar.
Lloré porque soy sensible y porque bueno, yo también he estado en ese lugar y no es fácil, aunque a ellos Lucho los haya preparado para ese momento siempre.
A mi no me metieron ese chip, ojalá a mi también me lo hubieran dicho desde siempre, aunque es diferente porque yo era niña cuando perdí a papá.

En fin, no sé, me ha dado tanta pena todo este asunto de la muerte fortuita, de pensar que por poco hubieran sido dos velorios, de ponerte a pensar que la muerte no te avisa, ni te prepara para su llegada.
Me pregunto, como siempre me pregunto cada vez que alguien muere, en cuales serán sus últimos pensamientos, sus últimas palabras.
Sólo Dios sabe.

En lo que va del año voy yendo a 4 velorios y no sé, siento que he llegado a esa edad en que sólo voy a matrimonios y velorios.
Y con Luis siento que he dicho adiós a una parte de mi niñez/adolescencia junto a sus hijos, especialmente con Daniel.

Ojalá arriba o a donde sea que van las almas después de abandonar el plano terrenal, se encuentre con sus padres y se encuentre con el mío.

Descansa en paz, querido Luis.