13 junio, 2009

Eternal Sunshine

Eran las 2 am, de pronto un olor familiar era absorvido por mi nariz....dicen que los olores nos hacen recordar algo en específico, a mi este olor me hizo volver a cuando era pequeña e increíblemente feliz en el club con mis abuelos.
El olor era jazmín.
No se de donde provenía, talvez tuve muchos deseos de olerla que mi mente recreó el olor como si este fuese real.
Cerré los ojos y mi cabeza dió vueltas como si estuviera en las tazas giratorias, daba vueltas y vueltas hasta que aparecí colgada del arbol con la cabeza hacia abajo, podía sentir como la sangre circulaba rápidamente y se concentraba en mi cara, a lo lejos escuchaba una voz: karla, bájate o te vas a matar.
Pero a mi me gustaba mirar el cielo claro y despejado, ver las nubes pasar hacia el sur cargadas de lluvia.
Pues bien, había vuelto al club de huachipa, club al que había ido desde que tengo uso de razón, ya que mi abuelo era el administrador.
Recuerdo que ayer estaba viendo la tele y como nunca pongo noticieros (no los veo porque me parecen tóxicos) en eso sale Mario Huaman, Diezcanseco y otros rostros de la CGTP, entonces me cuestiono: ¿como carajos pudo mi abuelo ser tan íntimo del mafioso de Huamán? -suspiro- si tan solo lo viera hoy, de hecho que le daba un infarto ver cuan mafiosa se ha vuelto su organización.

Pues bien empezemos por la raíz de todo esto; mi abuelo paterno Alberto A.K.A Beto era el hombre más alto de mi familia, Piurano de nacimiento, con 1.93 cm, tez morena y ojos jalados color caramelo -ojos que por cierto nunca ví si no fuera porque mi madre me cuenta yo ni enterada- de voz gruesa e imperativa era uno de los dirigentes de la CGTP, amaba Cuba y sus habanos y era el administrador del club.
Todos los fines de semana de verano mi abuela me llevaba a huachipa.
Era feliz con mis rollers, me pasaba el día entero patinando, ráspandome las rodillas, haciéndome moretones, de pronto me aburría y me metía a las piscinas, tenía la chiquita que me llegaba a los tobillos, en donde solo remojaba los pies, luego me iba a la mediana donde practicaba buceo y solo me podía meter a la grande con mi papá ya que en esa tenía 3 mts profundidad.
De pronto era la hora de almorzar, me iba al restaurant y pedía mi arroz con milanesa y papas fritas, recuerdo que mi abuela me decia: no lo vas a acabar, no entiendo porque siempre te pides eso. Dicho y hecho, nunca pude acabar el plato de milanesa, era inmenso para una niña de apenas 5 años, con el estómago del tamaño de una pera.

Recuerdo que iba a casa y dejaba los patines tirados en la sala, junto a los 5 bidones de agua mineral, recuerdo el portón a la cocina y como rechinaba cuando lo abría, recuerdo el olor a hábano del cuarto de mi abuelo, mi cuarto de paredes melón y el baño de locetas blancas.
Odiaba bañarme en agua fría, pero no había terma así que me tenía que aguantar mientras mi abuela me echaba el shampoo en la cabeza y la refregaba cual ropa sucia, ella decía, tiene que salir el cloro o si no te vas a maltratar el cabello.
Y de nuevo estaba lista para salir a jugar, así que iba a casa de Lyla, al costado del tópico.
Layla salía y nos íbamos al tobogán o a alucinar que escalábamos el everest en esa pirámide de llantas, el sol parecía nunca apagarse y nosotras no nos cansábamos de jugar por los árboles.
Hacíamos carreras y luego nos tirábamos al pasto.

Era hora de que Lyla regrese a su casa para cenar y yo aún tenía ganas de jugar, así que me iba al hospedaje a conversar con los que trabajaban ahí, ahí estaba Tina, ella era la camarera y yo me convertía en su ayudante, nos íbamos de cuarto en cuarto cambiando las sábanas.
Luego bajaba a recepción y me quedaba jugando ahí con las llaves, hasta que alguien llegaba y decía tu abuela te esta llamando.
Volvía corriendo a casa, era hora de ir a cenar.
Odiaba cenar, prefería comer una manzana a tomar caldo de gallina o carne con nervios.
Pero era llevada a la fuerza, así que con disgusto tomaba mi sopa y la carne se la tiraba al perro del restaurant.
A la hora de dormir tenía que bañarme en repelente de sachet, porque resulta que la botella se me vació en la mochila, ponerme algodones en los oídos y dormír tapada hasta la cabeza, con el vape en el toma corriente, porque si no, los mosquitos me comían entera.
A las 6 am pasaba el tren, era domingo y vendría mas gente al club, así que me iba a jugar a la oficina de mi abuelo, a llenar los cheques de la mesa, a sentirme la ejecutiva.
Cuando en eso veo que abren la puerta y era Henry Peace junto con Ricardo Mohme, me quedan mirando y me sonríen, yo me voy avergonzada pero antes de salir les digo: no le digan a mi tata que estuve jugando en su oficina.
Henry pasa su mano por mi cabeza y con la voz más dulce del mundo me dice: no te preocupes pequeña, ve a jugar.
Salgo corriendo con los cheques en la mano y los rompo en el camino. UFF! Ya eliminé la evidencia.

Hora de ponerme los patines, otra vez me iba por el hall y pasaba por el restaurant, me metía a la cocina y me ponía a patinar ahí mientras me ponía a conversar con la cocinera.
Me aburría el calor que hacía ahí dentro, asi que me voy, salgo por la puerta trasera y choco con alguien, era Risco, me dice: sobrina! cuidado.
Yo miro para ver quien era y le digo: lo siento, entonces el me dice: y tu abuelo donde está?
Encojo los hombros y digo: no sé, salió con Huamán.
Sigo patinando ya tenía 6 años y aún me quedaban los patines, iba patinando a toda velocidad y escucho pasos atrás mío, paro en seco y volteo. Eran los perros siberianos de Lyla que me seguían, pero yo les tenía miedo, así que camino despacio con los patines y voy rogando que pase alguien para que se lleve a los perros.
Eran las 6 pm y el tren volvía a pasar, mientras el sol se ocultaba yo me quedaba sentada mirando la velocidad con la que el tren pasaba.
Mi mamá odiaba a los mosquitos y mi papá se la pasaba conversando con los que trabajaban en el club, conocía a todos.
Despierto y a la mañana siguiente tenía 7 años, estaba en las canchas de fútbol con una net de voley, del otro lado estaba Natalia Málaga tratando de enseñarme a jugar, pero como me dolía la abandoné en one. Con mis brazos rojos decido irme a la recepción a atender al público visitante, en eso pasa mi abuelo y me dice: que haces ahí? sal!
Pero sus secretarias le dicen: no, esta ayudándonos, nosotras la cuidamos.
Él se va y yo sigo ahí jugando.

Tenía prohibido entrar al salón de recepciones con los patines, pero como el que limpiaba era mi amigo me dejaba hacerlo siempre y cuando mi abuelo no este por ahí cerca.
Una noche nos quedamos mi abuela y yo dormidas en las sillas de la piscina, eran las 12 p.m y habíamos entrado en un sueño tan profundo que nos dió flojera regresar a la casa, pero teníamos que hacerlo, de camino a casa olía el jazmín que estaba en las escaleras y cerraba los ojos, deseando que siempre sea de noche para oler por siempre el olor de esa planta.
Así pasaba los días de mi niñez jugando entre los árboles, con los patines, metida en la piscina.

Eran las 3 am y una ola de recuerdos felices me había invadido.

Recuerdo que los congresistas iban ahí y se ponían a chupar en el restaurant con mi abuelo, mientras yo jugaba con las sobrinas e hijas de ellos, Carito era la más paja, era hija de Risco.
Cuando mis primos venían del D.F, hacíamos las grandes pijamadas en el club, llevaban a sus primos y yo a los míos entonces eran días de parrillada, hamburguesas, hot dogs, papitas y Scary Movie.
El siempre me daba propinas, considerando que yo era una mocosa de 8 años una propina de 50 soles cada semana era demasiado, así que se la daba a mi mamá para que me lo guarde.
Hubiese sido millonaria si hubiera ahorrado el dinero de las propinas.
Pero al año siguiente que mi papá falleció, lo hizo mi abuelo. La peor forma de enterarse que el había fallecido fue con el anuncio en RPP, tanto por radio como por web y en los periódicos.
En el velorio volví a ver a sus amigos y a muchos más, los que se acordaban de mí, me decían: cuanto haz crecido! además le hicieron un homenaje póstumo el cual condució Federico Salazar...bueníma onda el ñato.

Me gusta recordarlo y ver sus fotos en Cuba, y esas que tiene cuando se fue con mi abuela a Rusia, y sé que de no ser por él nunca hubiese escuchado música cubana ni hubiese comido maní.
Así que me adelantaré al día de padre y le diré: Feliz día abuelo!